Seguramente no será un precedente, pero la imprecación del señor Borbón al señor Chávez ha desatado un arrebato de ingeniosidad que merece la pena observar.
Lo traigo al terreno de las ideas, de la creatividad, de los mecanismos que estimulan el ingenio y que con otros ingredientes podrían dar mucho más de sí.
Porque lo cierto es que han ido a converger varios elementos que pueden explicar todo el torrente de experimentos (la mayor parte para incrementar el lucro de unos avispados) que todavía durarán días y algunas semanas (hasta fin de año, más o menos).
ELOGIO DEL ASOMBRO (AH!)
El asombro es la chispa que hace prender todo lo demás. Asombro ante una conducta inesperada (rompió pues la monotonía, lo aburrido, lo de siempre) y en un grado máximo por ser quién era el emisor (el Rey Juan Carlos, personalidad a la que no conocíamos en esta faceta), por lo que dijo, dónde y por cómo lo dijo (fuera de sí, en un acto público, tuteando...) y por ser quién era el destinatario del mensaje (el presidente Hugo Chávez, orador de verbo incansable y discurso predecible que no había recibido en público una reprimenda tal en muuuucho tiempo). Todo esto, agitado, en el escenario conocido, cámaras de televisión y micrófonos de radio así como el espectacular difusor de vídeos que es internet, todo esto fue el cóctel mágico para estimular reacciones de todo tipo con un denominador común, y este es el segundo elemento: EL JÁ!, LA RISA que va unida a los politonos (voz inesperada que llama la atención), fotografías trucadas (lo de siempre pero con otros protagonistas que lo hacen extraordinario), webs con la frase, camisetas con la frase... y mucho más que los semiólogos estarán analizando ahora.
Por mi parte sólo quería dejar constancia de la importancia del asombro, de la búsqueda consciente o inconsciente del asombro como mecanismo para la creación cotidiana y para romper los estereotipos y parámetros excesivamente previsibles que hacen de nuestra labor diaria un ejercicio más parecido al "día de la marmota" que a una salida de tono mayestática...
Y del gran potencial que tiene cuando va unido con algo que nos despierta la hilaridad, la sonrisa, la carcajada. Algo tan extraordinario que todavía buscamos a alguien que nos explique por qué nos reímos...(rindiendo homenaje al padre de la idea, Arthur Koestler: Ajá! del descubridor, Ja! de la risa y el Ah! del asombro artístico.
Asombro + Humor + Voluntad de acción = Impacto seguro
lunes, 19 de noviembre de 2007
Y de repente, el frío...
Ya llegó el gris.
Ya comenzó su ocupación sistemática y nocturna de aquellos cielos azules que nos cobijaban en días pasados.
Ya llegó el frío.
Ya mudó conversaciones y ropas y estados de ánimo y salud y quién sabe qué más que ahora desconocemos (menos hojas, menos aves, menos señales de alegría en las calles que tiritan).
El invierno llama a la puerta y rápidamente vamos a por las luces navideñas para intentar paliar este mazazo oscuro que resuena monótono en las grandes ciudades.
Esta tarde, el paseo de la Florida era un encogerse gris y huidizo.
Ya comenzó su ocupación sistemática y nocturna de aquellos cielos azules que nos cobijaban en días pasados.
Ya llegó el frío.
Ya mudó conversaciones y ropas y estados de ánimo y salud y quién sabe qué más que ahora desconocemos (menos hojas, menos aves, menos señales de alegría en las calles que tiritan).
El invierno llama a la puerta y rápidamente vamos a por las luces navideñas para intentar paliar este mazazo oscuro que resuena monótono en las grandes ciudades.
Esta tarde, el paseo de la Florida era un encogerse gris y huidizo.
martes, 13 de noviembre de 2007
Del fin de semana pasado
Volví de Zaragoza este domingo. Allí estuve tres días, prolongando el puente de la Almudena. Encontrando a la familia, a los amigos, a la ciudad. Las razones que nos mueven a todos.
Casi siempre.
Paseando por el centro de Zaragoza, me encontré al viejo que más conocen en la ciudad. Al más habitual. Regular como las aves que emigran, como el atardecer cotidiano. Porque el cierzo siempre llega por estas fechas, con su entusiasmo habitual. Levantando la sorpresa, agitando los cuerpos.
Paseando en la tarde del viernes, fui saboreando con tranquilidad el agradable placer de estar en Zaragoza sin veranos que contar, Pilares que disfrutar o Navidades incipientes golpeando en la cartera. Fue un fin de semana isleño, sin referentes de obligado cumplimiento que me ocuparan la cabeza y la distrajeran de esa simplicidad que es dejarse azotar por unas ráfagas de viento entre los árboles del Paseo de Sagasta, buscando calles más tranquilas y esquinas más antiguas que las de los Grandes Almacenes.
El domingo, en un altozano del parque Grande y con dos elentianos amigos, María y Carlos, nos permitimos el lujo de recordar una Zaragoza de años atrás, con Valdespartera erizada de grúas y un lejano Moncayo, cada vez más oculto a la vista. Sin anuncios, sin letras, sin músicas.
Caía la tarde y el Miguel Servet era lo más imponente que veían nuestros ojos.
Casi siempre.
Paseando por el centro de Zaragoza, me encontré al viejo que más conocen en la ciudad. Al más habitual. Regular como las aves que emigran, como el atardecer cotidiano. Porque el cierzo siempre llega por estas fechas, con su entusiasmo habitual. Levantando la sorpresa, agitando los cuerpos.
Paseando en la tarde del viernes, fui saboreando con tranquilidad el agradable placer de estar en Zaragoza sin veranos que contar, Pilares que disfrutar o Navidades incipientes golpeando en la cartera. Fue un fin de semana isleño, sin referentes de obligado cumplimiento que me ocuparan la cabeza y la distrajeran de esa simplicidad que es dejarse azotar por unas ráfagas de viento entre los árboles del Paseo de Sagasta, buscando calles más tranquilas y esquinas más antiguas que las de los Grandes Almacenes.
El domingo, en un altozano del parque Grande y con dos elentianos amigos, María y Carlos, nos permitimos el lujo de recordar una Zaragoza de años atrás, con Valdespartera erizada de grúas y un lejano Moncayo, cada vez más oculto a la vista. Sin anuncios, sin letras, sin músicas.
Caía la tarde y el Miguel Servet era lo más imponente que veían nuestros ojos.
La nube que nos envuelve
Conforme la tarde va desapareciendo, ahora que el sol ya se ha puesto, más viva y más terrorífica aparece la nube que va cubriendo Madrid. Tal vez se quiera quedar aquí, unos días, unos meses. O tal vez ya no se vaya y me tenga que ir acostumbrando a los atardeceres rojos, que siguen siendo inmensamente hermosos en este regalo del azar que es este momento, aquí en la el oeste, rozando con los dedos el hilo de agua que baja esta tarde.
Noviembre.
Las aves siguen pasando hacia el norte, siguiendo el curso del Manzanares y recortándose sobre los marrones y amarillos que ya son mayoría al otro lado del río. Un humo extraño y desconocido se levanta no muy lejos de la entrada a la Casa de Campo. En estos días son miles las hojas marrones que pueblan las aceras de la ribera. Tal vez una colilla...tal vez una fogata para calentarse en el frío.
La luna está en cuarto creciente y dos líneas blancas, leves, van trazandose y desapareciendo allá por donde el sol se ha puesto. Quién sabe si desde esos aviones se verá esta nube, si la verán las aves que no deciden quedarse por aquí y siguen su vuelo hacia otros lugares más limpios, más tranquilos que éste. Ave que ensucia su nido, dice un libro de Goytisolo. Aquí, el nido tiene hoy muy mal aspecto.
Han pasado 5 años después del Prestige y los politonos de los móviles son noticia real.
Noviembre.
Las aves siguen pasando hacia el norte, siguiendo el curso del Manzanares y recortándose sobre los marrones y amarillos que ya son mayoría al otro lado del río. Un humo extraño y desconocido se levanta no muy lejos de la entrada a la Casa de Campo. En estos días son miles las hojas marrones que pueblan las aceras de la ribera. Tal vez una colilla...tal vez una fogata para calentarse en el frío.
La luna está en cuarto creciente y dos líneas blancas, leves, van trazandose y desapareciendo allá por donde el sol se ha puesto. Quién sabe si desde esos aviones se verá esta nube, si la verán las aves que no deciden quedarse por aquí y siguen su vuelo hacia otros lugares más limpios, más tranquilos que éste. Ave que ensucia su nido, dice un libro de Goytisolo. Aquí, el nido tiene hoy muy mal aspecto.
Han pasado 5 años después del Prestige y los politonos de los móviles son noticia real.
Etiquetas:
Casa Campo,
contaminación,
Madrid,
Nube
martes, 30 de octubre de 2007
El sol está hoy un poco más lejos
Cada día que pasa veo al sol más lejos. Hoy parecía que el viento, que nos visitó por sorpresa, lo había arrastrado a su paso y, en uno de esos empellones, nuestro débil sol se había tropezado un paso más allá del parque de atracciones.
Porque en el filo de octubre, con un pie ya en el vacío, estos vientos nos avisan de que noviembre no engaña. Viene de frente, con el 1 sincero. Concediendo, eso sí, ese día de tregua que nos servirá para tomar un poco de aliento y...¡zas!, apretar los riñones, agachar la cabeza y empujar sin tregua contra las manos invisibles (no del mercado) que nos esperarán silenciosas tras cualquier chaflán para, sin avisar, zarandearnos todo el ser - cuerpo - neurosis, y las ideas y los deseos.
Las estaciones son aventuras de colores. El otoño es marrón y las hojas ya se van agrupando para comenzar su divertido ejercicio de "Despistando al barrendero". Tan curioso es observar como el viento que las dispersa es ahora el viento que las absorbe en esas nuevas tecnologías aplicadas a la limpieza urbana.
¿Quién aspirará las hojas de los bosques?
Porque en el filo de octubre, con un pie ya en el vacío, estos vientos nos avisan de que noviembre no engaña. Viene de frente, con el 1 sincero. Concediendo, eso sí, ese día de tregua que nos servirá para tomar un poco de aliento y...¡zas!, apretar los riñones, agachar la cabeza y empujar sin tregua contra las manos invisibles (no del mercado) que nos esperarán silenciosas tras cualquier chaflán para, sin avisar, zarandearnos todo el ser - cuerpo - neurosis, y las ideas y los deseos.
Las estaciones son aventuras de colores. El otoño es marrón y las hojas ya se van agrupando para comenzar su divertido ejercicio de "Despistando al barrendero". Tan curioso es observar como el viento que las dispersa es ahora el viento que las absorbe en esas nuevas tecnologías aplicadas a la limpieza urbana.
¿Quién aspirará las hojas de los bosques?
domingo, 28 de octubre de 2007
El capricho
Cercano a Barajas, lejos pues del Paseo de la Florida, se esconde un rincón exquisito, una isla atemporal de la tranquilidad. El Capricho pertenece a la categoría de finca de recreo conquistada para el disfrute colectivo, 200 años después de su nacimiento, años más años menos.
Y sí, su nombre expresa a la perfección la naturaleza de su origen.
Pero ahora, en una tarde de octubre luminosa y breve, es un regalo delicadamente hermoso para encontrar el sonido de los pasos.
Y sí, su nombre expresa a la perfección la naturaleza de su origen.
Pero ahora, en una tarde de octubre luminosa y breve, es un regalo delicadamente hermoso para encontrar el sonido de los pasos.
viernes, 26 de octubre de 2007
El cuerpo emerge
Las zonas invisibles de la luz del otoño han cambiado ya en mi habitación. La luz es más humilde, menos intensa, ya no quema. El apartamento por las tardes no despide ese calor agradable que disfrutaba en los últimos días de septiembre y el frío se va colando sin pedir permiso. El cuerpo, por las mañanas, huye. Vive la añoranza de otras luces matutinas.
Y mi cuerpo se resiente. El otoño es un aviso. Comienza a refugiarse la naturaleza y mi cuerpo también se repliega, huidizo a veces, vago en otras. Tímido, receloso a estos ruidos que no cesan con el frío. Acaso dañan de otra forma. Y esos cielos negros que golpean. Hay que moverlo pues. Mover el cuerpo, moverme pues soy cuerpo, soy lo que mi cuerpo es y juntos sentimos estos días. Si mi cuerpo se siente vivo, yo, cuerpo, me siento vivo. Así que esta tarde, en un intento de vencer esas luces que caen, me lance a correr por la ribera del Manzanares. Otra vez vi a los pescadores del atardecer, a los vagabundos del alcohol que se hacen su nido bajo las arbustos de la ribera (duelen sus miradas ), a los perrillos en su paseo vespertino, a las señoras paseadas. El funicular de la Casa de Campo ya se había detenido y yo, no tardé mucho en regresar a casa con el aliento agitado y más zonas de luz allá adentro. Muy adentro.
Y mi cuerpo se resiente. El otoño es un aviso. Comienza a refugiarse la naturaleza y mi cuerpo también se repliega, huidizo a veces, vago en otras. Tímido, receloso a estos ruidos que no cesan con el frío. Acaso dañan de otra forma. Y esos cielos negros que golpean. Hay que moverlo pues. Mover el cuerpo, moverme pues soy cuerpo, soy lo que mi cuerpo es y juntos sentimos estos días. Si mi cuerpo se siente vivo, yo, cuerpo, me siento vivo. Así que esta tarde, en un intento de vencer esas luces que caen, me lance a correr por la ribera del Manzanares. Otra vez vi a los pescadores del atardecer, a los vagabundos del alcohol que se hacen su nido bajo las arbustos de la ribera (duelen sus miradas ), a los perrillos en su paseo vespertino, a las señoras paseadas. El funicular de la Casa de Campo ya se había detenido y yo, no tardé mucho en regresar a casa con el aliento agitado y más zonas de luz allá adentro. Muy adentro.
Días de migraciones
Otro año más, sobre los lomos del otoño, llegan las aves desde el sur y atraviesan Madrid. Desde este observatorio privilegiado que es el balcón sobre el Manzanares, las vi ayer y mientras las veía pasar, admiré su aventura intensa y natural, su ordenado avance, su heroicidad que no es noticia en las tertulias.
Recuerdo la película "Nómadas del viento". Pocas películas tan hermosas como ésta, tan poéticas, tan asombrosa.
Por un momento quise ir con ellas, como en la película, y ponerme a su lado, escuchar su silencioso avance, animar a las rezagadas, dejarles agua y comida en el balcón, por si alguna se quedaba extraviada, cansada de los miles de kilómetros. Sin ningún queroseno en la atmósfera.
Y por fortuna, sin controles ni aduanas, ni pasaportes ni visados.
Recuerdo la película "Nómadas del viento". Pocas películas tan hermosas como ésta, tan poéticas, tan asombrosa.
Por un momento quise ir con ellas, como en la película, y ponerme a su lado, escuchar su silencioso avance, animar a las rezagadas, dejarles agua y comida en el balcón, por si alguna se quedaba extraviada, cansada de los miles de kilómetros. Sin ningún queroseno en la atmósfera.
Y por fortuna, sin controles ni aduanas, ni pasaportes ni visados.
Etiquetas:
Casa de Campo,
Manzanares,
migraciones
martes, 2 de octubre de 2007
Tlatelolco, 39 años después.
2 de octubre no se olvida.
No lejos de aquí, en el hermoso parque de Oeste, se encuentra una escultura que conmemora la independencia de México. El representado es el cura Hidalgo, uno de los padres de la independencia mexicana. Y junto a su figura, hace apenas tres semanas, se realizó un acto simbólico (como todos los años) de celebración de la Independencia de México. 15 de septiembre. Lo simbólico: asiste el embajador, personal de la embajada, mexicanos, mexicanas y se canta y ya está. Es un día de fiesta.
Tal vez Zermeño, el embajador premiado con este destino goloso que es España (conviene leer sus recientes méritos), haya conmemorado esta fecha hoy (cómo se apoderan los políticos de los símbolos del pueblo). Quizá no lo haya hecho. Quién sabe dónde estaba él hace 39 años. No en el PRI, al menos...
Hoy, como todos los 2 de octubre desde hace 39 años, se recuerda la matanza de los estudiantes, de los civiles, de los inocentes, en la plaza de las Tres Culturas, en la plaza de Tlatelolco. La matanza que organizó el gobierno del tirano Díaz Ordaz con su secretario de Interior (luego presidente), Luis Echeverría, al frente. Fin a las esperanzas de miles de estudiantes, obreros, madres, maestros...los que siempre pagan en México. Sangre sobre la piedra, zapatos sin dueños, dolor y silencio. Y la bota negra del miedo sobre las cabezas. El terror de la dictadura olímpica, que era inminente, arrasó todo.
Una lectura imprescindible: "La noche de Tlatelolco", de Elena Poniatowska.
Un dolor que hay que oír, que hay que pasar por el corazón cada 2 de octubre.
No lejos de aquí, en el hermoso parque de Oeste, se encuentra una escultura que conmemora la independencia de México. El representado es el cura Hidalgo, uno de los padres de la independencia mexicana. Y junto a su figura, hace apenas tres semanas, se realizó un acto simbólico (como todos los años) de celebración de la Independencia de México. 15 de septiembre. Lo simbólico: asiste el embajador, personal de la embajada, mexicanos, mexicanas y se canta y ya está. Es un día de fiesta.
Tal vez Zermeño, el embajador premiado con este destino goloso que es España (conviene leer sus recientes méritos), haya conmemorado esta fecha hoy (cómo se apoderan los políticos de los símbolos del pueblo). Quizá no lo haya hecho. Quién sabe dónde estaba él hace 39 años. No en el PRI, al menos...
Hoy, como todos los 2 de octubre desde hace 39 años, se recuerda la matanza de los estudiantes, de los civiles, de los inocentes, en la plaza de las Tres Culturas, en la plaza de Tlatelolco. La matanza que organizó el gobierno del tirano Díaz Ordaz con su secretario de Interior (luego presidente), Luis Echeverría, al frente. Fin a las esperanzas de miles de estudiantes, obreros, madres, maestros...los que siempre pagan en México. Sangre sobre la piedra, zapatos sin dueños, dolor y silencio. Y la bota negra del miedo sobre las cabezas. El terror de la dictadura olímpica, que era inminente, arrasó todo.
Una lectura imprescindible: "La noche de Tlatelolco", de Elena Poniatowska.
Un dolor que hay que oír, que hay que pasar por el corazón cada 2 de octubre.
Etiquetas:
2 octubre,
Poniatowska,
Tlatelolco
lunes, 24 de septiembre de 2007
Preguntas noctámbulas
Nada crece en las riberas reformadas del Manzanares, ¿será porque los coches fueron enterrados bajo ellas?
¿Será que, como el bambú, habrá que esperar años hasta que florezcan los primeros brotes? ¿Será lo sembrado algún especimen de calculado crecimiento, cuatro años tal vez, elecciones mediante?
Cuando se pasea por las orillas desiertas que fueron M30 hace un año, reina un extraño silencio.
¿Será que, como el bambú, habrá que esperar años hasta que florezcan los primeros brotes? ¿Será lo sembrado algún especimen de calculado crecimiento, cuatro años tal vez, elecciones mediante?
Cuando se pasea por las orillas desiertas que fueron M30 hace un año, reina un extraño silencio.
Tres meses antes de la Navidad
Septiembre acelera su paso y Madrid exhala y vuelve a respirar de nuevo sus propios gases. El verano ha invadido la parcela de su vecino, dejando días luminosos y cálidos. En las terrazas se prolongan las conversaciones del verano raro, de la bajada de las ventas de aparatos de aire acondicionado, de donde te pilló esperar en la Noche en Blanco. Reina lo cotidiano. ¿Volverán pronto los sueños de un puente inmediato? ¿Un Pilar? ¿Una Inmaculada? ¿Todos los Santos? Lo que sembró la Iglesia años atrás, crece ahora en las carreteras. Las procesiones mutan...Me pierdo.
Los Héroes del Silencio cantan en América, 10 años después. Y los Sodastereo, una banda mítica argentina que conmovió todo el continente, anuncian su vuelta a los escenarios. Sería fabuloso que pudieran venir a España ahora que aquí compartimos vidas, gases y muchas más cosas con seres que 15 años atrás, en los viejos 80, soñaban (o no) con un futuro feliz, mientras se desbocaban en gritos de alegría, abrazados, allí, sobre el cesped de Bomboneras, Aztecas, Maracanás. Tantos.
2007
Dentro de unos días Franco Battiatto actúa en Madrid. La estación de los amores quién sabe dónde quedó... o la era del jabalí blanco. Allá, con los nómadas que una vez recorrieron San Petersburgo, Leningrado entonces (lejanos 80), y esa Perspectiva Nevsky que me hizo soñar en italiano con lugares desconocidos. Levantando la bandera blanca.
Morían afganos y soviéticos en los 80 en el lejano Afganistán. 20 años después, un joven ecuatoriano devenido español y un joven extremeño se van pronto de este mundo en el mismo lugar. Sacrificios de vidas, dolor y la pregunta que flota en pocas terrazas.
¿Qué estamos dejando de hacer...?
24 de septiembre de 2027 será el efecto de un pensamiento que comienza ahora.
Los Héroes del Silencio cantan en América, 10 años después. Y los Sodastereo, una banda mítica argentina que conmovió todo el continente, anuncian su vuelta a los escenarios. Sería fabuloso que pudieran venir a España ahora que aquí compartimos vidas, gases y muchas más cosas con seres que 15 años atrás, en los viejos 80, soñaban (o no) con un futuro feliz, mientras se desbocaban en gritos de alegría, abrazados, allí, sobre el cesped de Bomboneras, Aztecas, Maracanás. Tantos.
2007
Dentro de unos días Franco Battiatto actúa en Madrid. La estación de los amores quién sabe dónde quedó... o la era del jabalí blanco. Allá, con los nómadas que una vez recorrieron San Petersburgo, Leningrado entonces (lejanos 80), y esa Perspectiva Nevsky que me hizo soñar en italiano con lugares desconocidos. Levantando la bandera blanca.
Morían afganos y soviéticos en los 80 en el lejano Afganistán. 20 años después, un joven ecuatoriano devenido español y un joven extremeño se van pronto de este mundo en el mismo lugar. Sacrificios de vidas, dolor y la pregunta que flota en pocas terrazas.
¿Qué estamos dejando de hacer...?
24 de septiembre de 2027 será el efecto de un pensamiento que comienza ahora.
Etiquetas:
Afganistán,
Franco Battiatto,
Héroes del Silencio,
Sodastereo
viernes, 21 de septiembre de 2007
Las primeras lluvias del otoño
Han llegado.
Y con ellas, el aroma del otoño. Tan tópicamente hermoso y melancólico, al oeste.
Desde el 21, el cielo ha tenido hoy un día agitado. Familias de nubes y colores han desfilado inaugurando la temporada de la tercera estación.
Lo mejor, como casi siempre, al caer el día: las nubes se asomaban sobre la cúpula de San Francisco el Grande. Nubes de mármol, gruesas, blancas.
La medianoche ha llegado. De la Casa de Campo no llega silencio. La fiesta del PCE es el eco en la oscuridad del Oeste.
Y con ellas, el aroma del otoño. Tan tópicamente hermoso y melancólico, al oeste.
Desde el 21, el cielo ha tenido hoy un día agitado. Familias de nubes y colores han desfilado inaugurando la temporada de la tercera estación.
Lo mejor, como casi siempre, al caer el día: las nubes se asomaban sobre la cúpula de San Francisco el Grande. Nubes de mármol, gruesas, blancas.
La medianoche ha llegado. De la Casa de Campo no llega silencio. La fiesta del PCE es el eco en la oscuridad del Oeste.
miércoles, 12 de septiembre de 2007
Meditación Pez
Entre el millón de tesoros escondidos que alberga Madrid, hay uno vivo que se renueva cada mañana. Otra vez aparece mi querido Manzanares, este río androide que se siente río y quién sabe si le dejan serlo. A mí me lo parece y a los pescadores que toman posiciones cuando la mañana va ganando confianza, también. En su mayoría son gente poco pendiente de Supermodelo 2007 y demás. No les van esas mandangas. Ellos, a lo suyo, se sientan a esperar la visita del pez. Increíble diálogo. A mí, que pescaba con mi tío Elías hace ya tanto en la laguna de Cubel, este momento me parece el de la mayor consciencia que he recuerdo. Hace ya unas semanas que comencé a leer libros sobre el zen y, caramba, mayor consciencia que estar con la mirada puesta en el corcho, sobre la superficie lenta y callada del Manzanares (aquí es así)...que me entran ganas de traer una caña del pueblo y bajarme por las tardes, que también pescan, a ver cómo cambia el color del agua mientras el sol se pone tras los árboles de la Casa de Campo.
Meditación pez.
Meditación pez.
Etiquetas:
Manzanares,
meditación,
pescadores,
pez,
zen
El horno de San Antonio
Quien quiera darse una vuelta por el paseo de la Florida (oeste de Madrid, junto a la Casa de Campo) no va a tener problemas en encontrar unos cuantos restaurantes. Me contaron hace unos meses que su historia viene de largo, de cuando levantaron la estación del Norte, ahora de Príncipe Pío. Muchos de los que vinieron a ponerla en pie llegaron de Galicia, de Asturias, del País Vasco. Algunos se quedaron y montaron su restaurante. Así se explica pues.
Pero lo que no hay por aquí son cafés que merezcan la pena. Cafés de toda la vida o que sin ser de toda la vida, sí tengan ese sello personal del café en el que merece la pena estar sentado, tomando un cafecillo (descafeinado yo: perdón los puristas pero es que me pone taquicárdico...) y leyendo ensimismado un libro o mirando a través del cristal a los que van por la calle con su ritmo tan madrileño (corre corre que no llegas como siempre...)
Bueno, sí que hay un lugar en el que todavía se encuentra ese ligero encanto del que hablaba. Es el horno de San Antonio, una panadería - repostería que acertó de pleno al agregar una barra con café al servicio del pan. Y con dos mesitas altas y poco más, es el lugar más agradable para tomar un café y ver pasar unos minutos de la vida en el oeste de Madrid.
A mí especialmente (a Martha también, pero menos) nos gusta pasar un ratillo en el horno. Yo, además, suelo pedir la especialidad de la casa: el pastel de San Antonio. Y ya con eso, me quedo contento. Leer no leo, pero al menos, dejo pasar unos minutos mirando por el cristal o asomándome a algún periódico gratuito, por ver lo que nos quieren contar.
Que se nos van los días...
Pero lo que no hay por aquí son cafés que merezcan la pena. Cafés de toda la vida o que sin ser de toda la vida, sí tengan ese sello personal del café en el que merece la pena estar sentado, tomando un cafecillo (descafeinado yo: perdón los puristas pero es que me pone taquicárdico...) y leyendo ensimismado un libro o mirando a través del cristal a los que van por la calle con su ritmo tan madrileño (corre corre que no llegas como siempre...)
Bueno, sí que hay un lugar en el que todavía se encuentra ese ligero encanto del que hablaba. Es el horno de San Antonio, una panadería - repostería que acertó de pleno al agregar una barra con café al servicio del pan. Y con dos mesitas altas y poco más, es el lugar más agradable para tomar un café y ver pasar unos minutos de la vida en el oeste de Madrid.
A mí especialmente (a Martha también, pero menos) nos gusta pasar un ratillo en el horno. Yo, además, suelo pedir la especialidad de la casa: el pastel de San Antonio. Y ya con eso, me quedo contento. Leer no leo, pero al menos, dejo pasar unos minutos mirando por el cristal o asomándome a algún periódico gratuito, por ver lo que nos quieren contar.
Que se nos van los días...
Etiquetas:
Horno,
Madrid,
Paseo de la Florida,
San Antonio de la Florida
Tiembla el 21 de la Florida
La casa en la que vivo no ha visto naves arder en Orión, pero sí españoles pegándose tiros durante días, meses y años. La casa en la que vivo tiembla. Es de la decada de los 20 y durante la Guerra Civil tuvo el no escogido privilegio de estar en primera línea del frente, junto al Manzanares, frente a la Casa de Campo. Y claro, no le sentó nada bien. Como a tantas y tantos.
Esto me lo contó una vecina que ha pasado toda su vida aquí. Primero fue hija y ahora es madre y quizá pronto abuela. Y siempre, en el mismo piso. La señora Mari se llama ella. ¡Vaya como habla! Su marido, que no para de fumar, tiene una tos de las que asustan. Cuando empieza a toser retumban por el patio de luces sus bocanadas bruscas, infinitas, interminables. Sus ojos, cansados, enseñan unas bolsas de piel áspera, como de lagarto viejo que no son buena señal, pienso yo. Por las noches, mientras ve la tele a oscuras en el salón, oigo como llama al gato. El gato, como buen gato, no le hace ni caso. Pero no por esto no deja de llamarlo.
Cada vez que pasa un autobús de los que van a Segovia, el piso de la casa tiembla. Incluso yo, alguna vez que por alguna razón no revelable aquí, me he puesto a saltar, de inmediato me he detenido pues notaba perfectamente la oscilación. Es leve, claro. Aquí iba a estar si no.Pero muy notable.
¿Estará viva la casa después de todo?
Esto me lo contó una vecina que ha pasado toda su vida aquí. Primero fue hija y ahora es madre y quizá pronto abuela. Y siempre, en el mismo piso. La señora Mari se llama ella. ¡Vaya como habla! Su marido, que no para de fumar, tiene una tos de las que asustan. Cuando empieza a toser retumban por el patio de luces sus bocanadas bruscas, infinitas, interminables. Sus ojos, cansados, enseñan unas bolsas de piel áspera, como de lagarto viejo que no son buena señal, pienso yo. Por las noches, mientras ve la tele a oscuras en el salón, oigo como llama al gato. El gato, como buen gato, no le hace ni caso. Pero no por esto no deja de llamarlo.
Cada vez que pasa un autobús de los que van a Segovia, el piso de la casa tiembla. Incluso yo, alguna vez que por alguna razón no revelable aquí, me he puesto a saltar, de inmediato me he detenido pues notaba perfectamente la oscilación. Es leve, claro. Aquí iba a estar si no.Pero muy notable.
¿Estará viva la casa después de todo?
Etiquetas:
Madrid,
Paseo de la Florida,
temblor
martes, 4 de septiembre de 2007
Hace un año...
...estaba en México DF asombrado por los acontecimientos posteriores a las elecciones de julio. Un año después, por si queréis saber algo de la gestión del que fue nombrado presidente (Calderón, no sólo el del Madrid), os paso un enlace de uno de los mejores cronistas políticos de México. Y no precisamente afín al que fue rival de Calderón, López Obrador.
Ahí va la columna del día 3 de septiembre de Raymundo Riva Palacio:
http://www.eluniversal.com.mx/columnas/67121.html
Ahí va la columna del día 3 de septiembre de Raymundo Riva Palacio:
http://www.eluniversal.com.mx/columnas/67121.html
Etiquetas:
Calderón,
México,
militares,
Riva Palacio Raymundo
domingo, 19 de agosto de 2007
Y las nubes de color rojo
Y tú, allá arriba, sólo a dos horas...
En Madrid, un domingo de agosto tiene una dosis doble de la misma sustancia. Una mañana tranquila de domingo es doblemente tranquila en este mes. La tarde es un remanso para protegerse del sol (poco tórrido ahora) y dejar que vaya cayendo antes de dar un paseo por las orillas aún no "colonizadas" de la margen derecha, junto a la Casa de Campo. Me sorprende ver que la vida aparece de nuevo en el río. Que las lluvias fuertes de mayo arrastraron mucha tierra de la cercana Casa de Campo y ahora, en esos sedimentos, aparecen matas cada vez más grandes. Y en el ligero cauce de esta zona, las algas de río o como se las llame... son cada vez más abundantes. Por desgracia, también lo es la suciedad: cojines, latas...demasiados desperdicios en tan poco tiempo. Entonces, con los cielos enrojecidos y un rumor lejano que viene del Paseo de la Vírgen del Puerto, esta ciudad quiere ser amada. Y recordada.
Esta mañana, las calles próximas a la estación de Alonso Martínez estaban desiertas. En la plaza de las Salesas, tan cerca del Tribunal Supremo, se oía el sonido de los tenedores de algún desayuno dominical en algún piso coqueto (por aquí abundan). Rehuyendo de los escasos coches, esta mañana he tomado yo el control de las calles. Y he sido el habitante rey de Conde de Xiquena, Almirante e incluso Barquillo, caminando por el centro, lento, tranquilo. Casi zen, místico, que diría Martha. Como si el extremadamente urgente decreto de la peatonalidad obligada hubiera cobrado vida. Y allí, un servidor, primer usuario de la ciudad habitable, donde las fachadas se hacen de nuevo visibles y el ruido de motores, bocinas y carrocerías se ha esfumado. Algo así soñaba yo esta mañana entre calles de domingo vacías, con tenedores en el aire y notas de música perdidas.
En Madrid, un domingo de agosto tiene una dosis doble de la misma sustancia. Una mañana tranquila de domingo es doblemente tranquila en este mes. La tarde es un remanso para protegerse del sol (poco tórrido ahora) y dejar que vaya cayendo antes de dar un paseo por las orillas aún no "colonizadas" de la margen derecha, junto a la Casa de Campo. Me sorprende ver que la vida aparece de nuevo en el río. Que las lluvias fuertes de mayo arrastraron mucha tierra de la cercana Casa de Campo y ahora, en esos sedimentos, aparecen matas cada vez más grandes. Y en el ligero cauce de esta zona, las algas de río o como se las llame... son cada vez más abundantes. Por desgracia, también lo es la suciedad: cojines, latas...demasiados desperdicios en tan poco tiempo. Entonces, con los cielos enrojecidos y un rumor lejano que viene del Paseo de la Vírgen del Puerto, esta ciudad quiere ser amada. Y recordada.
Esta mañana, las calles próximas a la estación de Alonso Martínez estaban desiertas. En la plaza de las Salesas, tan cerca del Tribunal Supremo, se oía el sonido de los tenedores de algún desayuno dominical en algún piso coqueto (por aquí abundan). Rehuyendo de los escasos coches, esta mañana he tomado yo el control de las calles. Y he sido el habitante rey de Conde de Xiquena, Almirante e incluso Barquillo, caminando por el centro, lento, tranquilo. Casi zen, místico, que diría Martha. Como si el extremadamente urgente decreto de la peatonalidad obligada hubiera cobrado vida. Y allí, un servidor, primer usuario de la ciudad habitable, donde las fachadas se hacen de nuevo visibles y el ruido de motores, bocinas y carrocerías se ha esfumado. Algo así soñaba yo esta mañana entre calles de domingo vacías, con tenedores en el aire y notas de música perdidas.
martes, 7 de agosto de 2007
Sonidos de eterno retorno
La última gota de sudor se desliza por el cristal derecho de tus gafas. Insoportable calor, otro agosto más...piensas. Insistes en buscar un milagro llamado brizna de aire, en crear la corriente imposible. Abres la ventana de la cocina y... esos sonidos.
Llegan de la nada. Ascienden y retumban en la oscuridad del patio.
Qué misterio éste. Los mismos sonidos un año tras otro sin importar el lugar. Surgen en la oscuridad, al buscar corrientes frescas...y se cuelan en tu lectura nocturna, en tus sueños, en tu meditación vital.
Eterno retorno de los sonidos. Maldiciones de espíritus veraniegos condenados a vagar errantes en sus pisos de metrópoli.
Llegan de la nada. Ascienden y retumban en la oscuridad del patio.
Qué misterio éste. Los mismos sonidos un año tras otro sin importar el lugar. Surgen en la oscuridad, al buscar corrientes frescas...y se cuelan en tu lectura nocturna, en tus sueños, en tu meditación vital.
Eterno retorno de los sonidos. Maldiciones de espíritus veraniegos condenados a vagar errantes en sus pisos de metrópoli.
miércoles, 1 de agosto de 2007
Regalos para una boda
Sorprende el deslizamiento de un papelito frágil, minúsculo, una tirita que enseña una serie numérica. Una contraseña pensaría un niño o un mensaje secreto para encontrar ALGO. Al abrir la delicada invitación a la boda, como quien no quiere pero sí, quiere, aparece el papelito: es un número de cuenta para regalar dinero. Ese parece ser el mejor regalo en las bodas de ahora.
Yo les regalaría toda la felicidad del mundo. Una tarde calurosa pero lenta en un ghat del Gangés, viendo pasar las barcas y las luces de las ofrendas. Un vuelo en globo, una burbuja enorme donde cupieran los dos durante unos segundos y que al darse un beso, se desvaneciera...Un girasol enorme, una huella de elefante, un mirlo blanco, un fado silbado, una noche de luna llena a la puerta de una capilla medieval cantando bossa novas brasileiras.
Les regalaría una foto que envejeciera con ellos, un termómetro de miedos, un ventilador de malos pensamientos, un zapato común, un gorro de dos cabezas para dormir unidos en las acampadas frescas de la noche primaveral.
O mejor, una caña de pescar sorpresas.
Yo les regalaría toda la felicidad del mundo. Una tarde calurosa pero lenta en un ghat del Gangés, viendo pasar las barcas y las luces de las ofrendas. Un vuelo en globo, una burbuja enorme donde cupieran los dos durante unos segundos y que al darse un beso, se desvaneciera...Un girasol enorme, una huella de elefante, un mirlo blanco, un fado silbado, una noche de luna llena a la puerta de una capilla medieval cantando bossa novas brasileiras.
Les regalaría una foto que envejeciera con ellos, un termómetro de miedos, un ventilador de malos pensamientos, un zapato común, un gorro de dos cabezas para dormir unidos en las acampadas frescas de la noche primaveral.
O mejor, una caña de pescar sorpresas.
Desparecen...
Y al llegar agosto desaparece el ruido y hay más moscas. Desaparecen coches y hay más espacio por las calles. Y el humo de antes ya no es tan denso pero sí más cálido. Cosas del momento. Desaparecen filas y caras malhumoradas. Desaparecen corbatas, no todas, pero son más livianas sobre los cuellos desabrochados. Desaparecen personas amigas, familias, voces y gritos, gemidos y llantos. Desaparecen los papeles tirados por descuido, los periódicos gratuitos abandonados en las marquesinas del bus. Hasta desaparece la prisa.
Desaparece la ropa y aparece más piel, más gafas negras que hacen desaparecer las miradas y los ojos. Desaparecen los pitidos, algún insulto lejano. Se han desvanecido.
Desaparecen muchos niños y aparecen más mujeres mayores, más abuelos. Aparece la lentitud de los pasos y desaparece el quiebro rápido que me quita ese sitio en el metro.
Y en la Florida, los mismos borrachos, tal vez alguno menos. Mendigando monedas que siguen desaparecidas.
La otra magia de agosto en Madrid.
Desaparece la ropa y aparece más piel, más gafas negras que hacen desaparecer las miradas y los ojos. Desaparecen los pitidos, algún insulto lejano. Se han desvanecido.
Desaparecen muchos niños y aparecen más mujeres mayores, más abuelos. Aparece la lentitud de los pasos y desaparece el quiebro rápido que me quita ese sitio en el metro.
Y en la Florida, los mismos borrachos, tal vez alguno menos. Mendigando monedas que siguen desaparecidas.
La otra magia de agosto en Madrid.
Mosquitos del Manzanares
Sin duda me aprecian. Es sentarme junto a la pantalla encendida del ordenador y al instante son decenas los mosquitos que ponen su trompa junto al cristal de la ventana y quieren venir conmigo. Hubo un día en que sin darme cuenta les dejé pasar y el recuerdo de aquella noche todavía me da conversaciones y momentos hilarantes para quienes conmigo hablan.
Pero ya no. Ahí quietecitos, les digo. La ventana, ni tocarla. Que me vean pasar y volver y tornar a un lado y a otro. Que sigan llegando colegas suyos para comentar lo nuevo de esta noche "poca agua el Manzanares", dirá uno. "Poca, sí", le contestará otro. "A Gallardón le picaba yo..." se oirá más lejos y un zumbido menos.
Y así, contando minutos de una noche nueva, los mosquitos repueblan esta orilla del Manzanares que sin coches es más humana, pero también más mosquita y mosquera. Ellos en su lugar y yo en el mío. No se me ocurrirá a mí meter mis narices en las aguas ya repletas de algas, hogar mosquitero por excelencia. No me verán ellos recibirlos con gusto si por un azar se cuelan entre estas paredes blancas.
Entre hombres y mosquitos, la piedad no existe.
Pero ya no. Ahí quietecitos, les digo. La ventana, ni tocarla. Que me vean pasar y volver y tornar a un lado y a otro. Que sigan llegando colegas suyos para comentar lo nuevo de esta noche "poca agua el Manzanares", dirá uno. "Poca, sí", le contestará otro. "A Gallardón le picaba yo..." se oirá más lejos y un zumbido menos.
Y así, contando minutos de una noche nueva, los mosquitos repueblan esta orilla del Manzanares que sin coches es más humana, pero también más mosquita y mosquera. Ellos en su lugar y yo en el mío. No se me ocurrirá a mí meter mis narices en las aguas ya repletas de algas, hogar mosquitero por excelencia. No me verán ellos recibirlos con gusto si por un azar se cuelan entre estas paredes blancas.
Entre hombres y mosquitos, la piedad no existe.
Etiquetas:
Mosquitos Verano Manzanares
Agosto es uno hoy
Y al volver la esquina estaba agosto esperándonos. Tan cálido como siempre. Y yo aquí, con los alrededores vacíos y el verde prometedor de los árboles sorprendidos. No falta algún que otro coche cumpliendo condena solitaria al sol. Arriba, el cielo plomizo y el vuelo habitual de las palomas agotadas.
Pequeñas nubes de polvo frente a la Casa de Campo se levantaban hoy para darle algo de movimiento a la tarde. Si no, esta monotonía de la luz que duele nos engancha a la siesta. En momentos así me entra una agonía del "algo hay que hacer". Se me pasa el día y nuestro compañero agosto es exigente en actividades que deban ser recordadas y narradas. Es ya tan lejano su recuerdo que no queremos quedar decepcionados dentro de 10 años, cuando echemos la vista atrás en una tarde plomiza, bajo alguna nube de polvo achicharrado, y agosto sea 10 años mayor.
Pequeñas nubes de polvo frente a la Casa de Campo se levantaban hoy para darle algo de movimiento a la tarde. Si no, esta monotonía de la luz que duele nos engancha a la siesta. En momentos así me entra una agonía del "algo hay que hacer". Se me pasa el día y nuestro compañero agosto es exigente en actividades que deban ser recordadas y narradas. Es ya tan lejano su recuerdo que no queremos quedar decepcionados dentro de 10 años, cuando echemos la vista atrás en una tarde plomiza, bajo alguna nube de polvo achicharrado, y agosto sea 10 años mayor.
La sorpresa no avisa...
Hay noches que son presagios. Y no nos damos cuenta hasta que llega el día y sucede algo. Entonces, se recuerda lo vivido horas antes y damos con la senda invisible que nos ha traído hasta este momento. Y el encaje es de seda.
Doce horas después de la noche verborreica del 11 de julio, la de las cuatro entradas, la que precedió a esta de hoy, noche extraña, inquieta...doce horas después me comunicaron que ya no era ese mi trabajo para el día siguiente, ni para el otro, ni para nunca. La noche me avisaba y yo, creía que estaba verborreico...
La sorpresa no avisa pero sus pisadas se pueden escuchar...
Lástima del ruido de Madrid.
Doce horas después de la noche verborreica del 11 de julio, la de las cuatro entradas, la que precedió a esta de hoy, noche extraña, inquieta...doce horas después me comunicaron que ya no era ese mi trabajo para el día siguiente, ni para el otro, ni para nunca. La noche me avisaba y yo, creía que estaba verborreico...
La sorpresa no avisa pero sus pisadas se pueden escuchar...
Lástima del ruido de Madrid.
Cuando los coches mueren...o los matamos
Yo lo maté, porque era mío. Pero yo no quería. Pero quería llegar pronto. O mejor, a la hora.
Y el camino se fue haciendo más largo y él... sufría. Quizá lo quemé, quizá su motor ya estaba enfermo sin que yo, confiado, supiera nada.
Sí, ya no era el de antes y bien que se notaba en esas empinadas rampas de cualquier carretera del mundo que, en esta historia, llevaban a un pequeño enclave del Valle de Yerri.
Hasta que dijo basta. Y lo hizo casi en silencio. Dejó de oírse el motor, quedo todo en suspenso, luces rojas, y un estampido seco del tubo de escape que me hizo temer lo peor.
Todavía pude moverle algo, llegar hasta el punto de destino que sólo distaba 500 metros. 500 metros. Hasta ahí llegó. Llegamos. Luego, fue un acompañar mutuo, empujando los dos. Yo dentro y él, despidiéndose, renqueando hasta la casa. Dos días después, todavía se movía. Quería sin poder.
Yace en un taller olvidado de un pueblo navarro. Todavía vivo pero esperando un desguace inminente. Mi Peuyó, tan breve vida la nuestra.
Tan breve.
Y el camino se fue haciendo más largo y él... sufría. Quizá lo quemé, quizá su motor ya estaba enfermo sin que yo, confiado, supiera nada.
Sí, ya no era el de antes y bien que se notaba en esas empinadas rampas de cualquier carretera del mundo que, en esta historia, llevaban a un pequeño enclave del Valle de Yerri.
Hasta que dijo basta. Y lo hizo casi en silencio. Dejó de oírse el motor, quedo todo en suspenso, luces rojas, y un estampido seco del tubo de escape que me hizo temer lo peor.
Todavía pude moverle algo, llegar hasta el punto de destino que sólo distaba 500 metros. 500 metros. Hasta ahí llegó. Llegamos. Luego, fue un acompañar mutuo, empujando los dos. Yo dentro y él, despidiéndose, renqueando hasta la casa. Dos días después, todavía se movía. Quería sin poder.
Yace en un taller olvidado de un pueblo navarro. Todavía vivo pero esperando un desguace inminente. Mi Peuyó, tan breve vida la nuestra.
Tan breve.
miércoles, 11 de julio de 2007
Peuyó
Doscientos cinco. Y todos los días por el mismo camino. El mío es rojo y tiene 16 años, uno más que el amor del Dúo Dinámico. Pero en esta especie, mi Peuyó no recibe canciones adolescentes. Trae el espíritu del siglo XX entre sus tripas. Y dos pares de ruedas bien colocadas. Y yo, que fui temeroso de los miles de dioses y del mundo de la carretera, huyendo de los coches siempre, yo, ahora, tomo la recta en el semáforo de la ermita donde reposan los restos (MUY OLVIDADOS DE GOYA, es más conocido el Corte Inglés de Goya, que el lugar donde el polvo de Goya se mezcla con el de sus pinturas...me fui, me fui)
...decía que arranco en el primer semáforo. La primera entra bien, aunque la potencia de estos caballos ya no es lo que era. Pero sin ser jamelgos, que el orgullo francés en algo se nota en este carro. Rojo como nadie. Sucio que lo tengo también, verdad sea dicha: en este barrio hay aves sobre las cabezas de los coches. Y parece que la tienen tomada con los que vivaquean junto al río.
Y comienza el Peuyó a rodar, ruge, simpático el jodido, entre coches grises metalizados, seres grises de Momo, centenares que bajan del rico Pijuelo de Alarcón y Aravaca ara (que en estos solares construiremos...). Ahora ya con menos atascos, no como en junio. Ya se fueron a otros menesteres los autobuses escolares que colapsan las rotondas y demás.
Por si alguien me veía ya ínfulas de piloto experto, conviene que aclare algo: sigo siendo un ignorante ilustre de todo aquello que tiene que ver con el mundo del motor. Lo malo es que yo ahora aporto unos metros cúbicos de CO2 que hace un tiempo no aportaba, aunque sí mi Peuyó (rojo anda de la vergüenza, él) Si por los dos fuera, no lo haríamos.
Ya nos cuidamos bien de que no sea habitual esto, ¿verdad, Peuyó?
...decía que arranco en el primer semáforo. La primera entra bien, aunque la potencia de estos caballos ya no es lo que era. Pero sin ser jamelgos, que el orgullo francés en algo se nota en este carro. Rojo como nadie. Sucio que lo tengo también, verdad sea dicha: en este barrio hay aves sobre las cabezas de los coches. Y parece que la tienen tomada con los que vivaquean junto al río.
Y comienza el Peuyó a rodar, ruge, simpático el jodido, entre coches grises metalizados, seres grises de Momo, centenares que bajan del rico Pijuelo de Alarcón y Aravaca ara (que en estos solares construiremos...). Ahora ya con menos atascos, no como en junio. Ya se fueron a otros menesteres los autobuses escolares que colapsan las rotondas y demás.
Por si alguien me veía ya ínfulas de piloto experto, conviene que aclare algo: sigo siendo un ignorante ilustre de todo aquello que tiene que ver con el mundo del motor. Lo malo es que yo ahora aporto unos metros cúbicos de CO2 que hace un tiempo no aportaba, aunque sí mi Peuyó (rojo anda de la vergüenza, él) Si por los dos fuera, no lo haríamos.
Ya nos cuidamos bien de que no sea habitual esto, ¿verdad, Peuyó?
Etiquetas:
Goya,
Peugeot 205,
Pijuelo de Alarcón
Más espasmos
A veces me dan espasmos de escritura. Hoy es una noche así.
Sin saber cómo (bueno sí, Martha duerme), me siento en una silla, en un día raro de más, y me da por mirarme al ombligo con disimulo. Entonces comienzo a escribir cosas que creo chulas, babeando letras.
Y me animo, así, como quien no quiere la casa y la vende y se forra en estos tiempos.
Y sale una entrada de este blog. Y otra, y otra más. Y con la noche del oeste de Madrid en mi oreja más popular, sigo, ajeno por fin a las noticias de los diarios de internet (soy adicto a los titulares de cuatro diarios: El País, El Mundo, Heraldo de Aragón y El Universal de México), prosigo escribiendo esto, pensando que tú lo vas a leer y que algún día me dirás "qué cosas escribes, Javier, que porqué no te dedicas a esto".
O a lo otro. O a lo de más allá, ¿verdad Iker?
Pero esto de contar como escribe uno, haciéndose el despistado y de paso, llenando unas líneas ya está muy muy caduco.
Así que aquí acaba esta entrada que no lleva a ninguna parte.
Sin saber cómo (bueno sí, Martha duerme), me siento en una silla, en un día raro de más, y me da por mirarme al ombligo con disimulo. Entonces comienzo a escribir cosas que creo chulas, babeando letras.
Y me animo, así, como quien no quiere la casa y la vende y se forra en estos tiempos.
Y sale una entrada de este blog. Y otra, y otra más. Y con la noche del oeste de Madrid en mi oreja más popular, sigo, ajeno por fin a las noticias de los diarios de internet (soy adicto a los titulares de cuatro diarios: El País, El Mundo, Heraldo de Aragón y El Universal de México), prosigo escribiendo esto, pensando que tú lo vas a leer y que algún día me dirás "qué cosas escribes, Javier, que porqué no te dedicas a esto".
O a lo otro. O a lo de más allá, ¿verdad Iker?
Pero esto de contar como escribe uno, haciéndose el despistado y de paso, llenando unas líneas ya está muy muy caduco.
Así que aquí acaba esta entrada que no lleva a ninguna parte.
Lean a Jodorowsky...
...no vaya a ser que ni siquiera lo conozcan y anden por ahí, sin sorprenderse, mirando al reloj, al periódico gratuito, a las piernas de ella, de él, al saldo del extracto bancario, a los titulares de internet, al último modelo de coche, al nuevo viejo Harry Potter, al x hijo de la princesa y, a las ausentes mariposas que ya se fueron sin avisar también.
Todos, todas, pensando en las vacaciones que mugen lastimeras sus canciones de sol y playa, de medusas y pastillas exóticas.
Lean a Jodorowsky, anden, lean, aunque sólo sea un pequeño instante cuántico. Un cuantico pues de lectura. Un ratico: sí, en el baño. Buena idea. O en el metro...
Jodorowksy. JO-DO-ROW-SKY.
JODO PUES.
Todos, todas, pensando en las vacaciones que mugen lastimeras sus canciones de sol y playa, de medusas y pastillas exóticas.
Lean a Jodorowsky, anden, lean, aunque sólo sea un pequeño instante cuántico. Un cuantico pues de lectura. Un ratico: sí, en el baño. Buena idea. O en el metro...
Jodorowksy. JO-DO-ROW-SKY.
JODO PUES.
Deslumbramientos inexistentes...
...fogonazos ya invisibles.
Aspiraciones de un ego viajero que otra vez se pensó arriba.
Julio 2007
¿Por qué recordamos siempre los veranos?
No es por el calor, ni por las canciones.
Serán los días largos, los días que nunca acababan.
Hasta que trabajas en una oficina y un virus se te engancha en la garganta con pinzas de hielo. Y ahí se queda, aporreando por las noches. Extrayendo preguntas mientras te extraes todas las sustancias que yo mismo me he sorprendido de producir. Me hubiera hecho exportador de mocos de mil colores estos días. Los hubiera metido en pequeñas cajitas de metacrilato límpido, transparente y bien fotografiados los habría presentado a algún concurso postmoderno de arte ultracontemporáneo....
...la obra sería algo así como "Respirando el cambio climático".
Ahora tendría mi nombre impreso en un catálogo verde, rojo y blanco, a juego con la obra y los patrocinadores (Cajamadrid y la Comunidad de Madrid).
Y tendría una subvención. Pero no compraría medicamentos. Compraría miles de kilos de sal para hacer gárgaras eternas.
Aspiraciones de un ego viajero que otra vez se pensó arriba.
Julio 2007
¿Por qué recordamos siempre los veranos?
No es por el calor, ni por las canciones.
Serán los días largos, los días que nunca acababan.
Hasta que trabajas en una oficina y un virus se te engancha en la garganta con pinzas de hielo. Y ahí se queda, aporreando por las noches. Extrayendo preguntas mientras te extraes todas las sustancias que yo mismo me he sorprendido de producir. Me hubiera hecho exportador de mocos de mil colores estos días. Los hubiera metido en pequeñas cajitas de metacrilato límpido, transparente y bien fotografiados los habría presentado a algún concurso postmoderno de arte ultracontemporáneo....
...la obra sería algo así como "Respirando el cambio climático".
Ahora tendría mi nombre impreso en un catálogo verde, rojo y blanco, a juego con la obra y los patrocinadores (Cajamadrid y la Comunidad de Madrid).
Y tendría una subvención. Pero no compraría medicamentos. Compraría miles de kilos de sal para hacer gárgaras eternas.
sábado, 7 de abril de 2007
Retratos y Máscaras
Como siempre, plagado de turistas.
Merece la pena ver la exposición.
¿ Preferencias...?
Todas, pero me impactaron los retratos de Egon Schiele y Chaim Soutine.
¿¿¿Será por los nombres...???
Pero yo, no entiendo mucho, la verdad...
http://www.museothyssen.org/thyssen/home.html
Frío en Ávila
Cero grados el seis de abril Esto es Ávila. Las murallas quedan tras el fotógrafo.
Muchas iglesias, Santa Teresa vigente y un Centro Internacional de Estudios Místicos que merece la pena visitar.
¡¡Pero qué frío!!
martes, 3 de abril de 2007
A pocos metros de donde reposa Goya
Hace unas semanas, paseando con Martha, encontramos una pista extraordinaria que desconocíamos. Goya, el genio, está enterrado a pocos metros de donde vivimos ahora, en la ermita de San Antonio de la Florida: uno de los tesoros desconocidos de Madrid.
Si todos los turistas que van al Prado supieran que en la Florida se encuentran los frescos más extraordinarios de la ciudad, que fueron pintados por Goya, que la visita es gratuita y que junto a los frescos se encuentra la tumba, humilde y sencilla, del pintor aragonés...vaya esto sería un peregrinar infinito. (Atención novelistas, aquí hay pasta para una novela Vinciniana...)
Pero no, discreción hasta la eternidad. No hay grandes anuncios ni señales muy visibles. Y lo cierto es que los frescos, que contemplé el sábado por la mañana, en el 261 aniversario del nacimiento de Goya, conmueven.
Y no hay que pagar. Milagroso San Antonio.
Si todos los turistas que van al Prado supieran que en la Florida se encuentran los frescos más extraordinarios de la ciudad, que fueron pintados por Goya, que la visita es gratuita y que junto a los frescos se encuentra la tumba, humilde y sencilla, del pintor aragonés...vaya esto sería un peregrinar infinito. (Atención novelistas, aquí hay pasta para una novela Vinciniana...)
Pero no, discreción hasta la eternidad. No hay grandes anuncios ni señales muy visibles. Y lo cierto es que los frescos, que contemplé el sábado por la mañana, en el 261 aniversario del nacimiento de Goya, conmueven.
Y no hay que pagar. Milagroso San Antonio.
Peces en el Manzanares
En este éxtasis místico que llevo experimentando desde hace cinco días, cuando los coches desaparecieron de la superficie, he llegado a ver ya tres patos juntos en el río, algunos más sobrevolándolo, otras aves similares a las gaviotas (partido obliga) y, lo más increíble, unos peces que deben ser barbos, y que desde la ventana lucían grandes y gordos.
Los operarios de las obras se entretenían ayer observándolos (recordarían los ríos de Rumania o Bulgaria...Danubio tal vez) y aunque la frustración por este sustitutivo tan triste que es el Manzanares sea evidente, al menos, se pasaron un rato entretenido tirando alguna piedra ingenua contra los aventurados peces.
¿Resultado de alguna mutación? ¿Abanderados de algún partido?
Agucé la vista pero no logré ver ningún tipo de anagrama electoral en sus lomos.
Los operarios de las obras se entretenían ayer observándolos (recordarían los ríos de Rumania o Bulgaria...Danubio tal vez) y aunque la frustración por este sustitutivo tan triste que es el Manzanares sea evidente, al menos, se pasaron un rato entretenido tirando alguna piedra ingenua contra los aventurados peces.
¿Resultado de alguna mutación? ¿Abanderados de algún partido?
Agucé la vista pero no logré ver ningún tipo de anagrama electoral en sus lomos.
Buenas noticias 2
...incluso esta mañana, con el festival de las elecciones tan cercano, oía a las dos candidaturas a la alcaldía de Madrid ofrecer la segura playa del Manzanares. La gente no se podrá bañar en el agua pero sí que podremos tumbarnos en la arena y pasear entre árboles. Y sin coches. Vaya, vaya...aquí habrá playa.
Me imagino yo que vendrán de la tele para buscar candidatos/as para Cambio Radical...¡¡qué programa, madre de Dios!!
Me imagino yo que vendrán de la tele para buscar candidatos/as para Cambio Radical...¡¡qué programa, madre de Dios!!
Buenas noticias desde el Manzanares
Me comentaba un vecino que, al final, habrá que darle las gracias a Gallardón por haber enterrado la M-30... Lo evidente ahora es que esa serpiente blanca y roja ha desaparecido bajo tierra y por ahí seguirá, imagino yo.
Las señales que se perciben son más que elocuentes: se oye el piar de los pájaros de la Casa de Campo, no huele a humo y da gusto abrir las ventanas al atardecer. Buenas noticias son.
Incluso un generador que debía dar energía a los túneles o a qué sé yo, pero que estaba encendido 24 horas, desde ayer ya no lo está. Y ahora sí que se percibe el silencio.
Como el Corte Inglés, los árboles de la Casa de Campo ya están en primavera.
Las señales que se perciben son más que elocuentes: se oye el piar de los pájaros de la Casa de Campo, no huele a humo y da gusto abrir las ventanas al atardecer. Buenas noticias son.
Incluso un generador que debía dar energía a los túneles o a qué sé yo, pero que estaba encendido 24 horas, desde ayer ya no lo está. Y ahora sí que se percibe el silencio.
Como el Corte Inglés, los árboles de la Casa de Campo ya están en primavera.
lunes, 19 de marzo de 2007
Serpiente blanca y roja
El animal más grande y fiero que se ha visto en España es una serpiente blanca y roja que vive en Madrid.
Se deja ver por las mañanas, cuando amanece y también a última hora del día, oscureciendo ya sobre la ciudad. Es tan fácil verla como ser víctima de sus bocados. Y aunque dicen que su ataque no es mortal, sí se asegura que va cercenando la vida lentamente.
Últimamente y de forma misteriosa, se oculta en galerías subterráneas, aunque somos muchos los que sentimios su reptar incesante y algo peor: sus huellas no pasan desapercibidas.
A veces, se detiene durante largos intervalos, como si quisiera quedarse siempre ahí. Cuando la veo desde el balcón temo que se vuelva hacia mí y me lance su lengua de sabor a humo. Aunque no lo ha hecho, la siento tan cerca que si cierro los ojos me la imagino frente a mí, hipnotizándome.
Y lo más increíble es que, aún detenida, se oye su respiración, ronca, honda, extraña...
Y es que nunca antes había oído la respiración de una serpiente.
Se deja ver por las mañanas, cuando amanece y también a última hora del día, oscureciendo ya sobre la ciudad. Es tan fácil verla como ser víctima de sus bocados. Y aunque dicen que su ataque no es mortal, sí se asegura que va cercenando la vida lentamente.
Últimamente y de forma misteriosa, se oculta en galerías subterráneas, aunque somos muchos los que sentimios su reptar incesante y algo peor: sus huellas no pasan desapercibidas.
A veces, se detiene durante largos intervalos, como si quisiera quedarse siempre ahí. Cuando la veo desde el balcón temo que se vuelva hacia mí y me lance su lengua de sabor a humo. Aunque no lo ha hecho, la siento tan cerca que si cierro los ojos me la imagino frente a mí, hipnotizándome.
Y lo más increíble es que, aún detenida, se oye su respiración, ronca, honda, extraña...
Y es que nunca antes había oído la respiración de una serpiente.
Visión desde un lago
PROCEDIMIENTO PARA RECONCILIARSE CON LA CIUDAD DE MADRID.
Al final de un día de lluvia, cuando se respira limpio, como 200 años atrás (Goya presente) hay que dirigir la vista, los pasos, el único objetivo, hacia el mejor mirador de la ciudad.
¿La mejor hora? Cuando cae el sol. ¿El trayecto? Si es por metro, línea 1o parada Lago. No es difícil llegar desde ahí a las terrazas que divisan la ciudad. El sol brillará entonces sobre la superficie del lago artificial, sin molestar, y bañará con respeto todas las fachadas del poniente. Desde el faro de Moncloa, el edificio del Rectorado complutense y las fachadas de Rosales, hasta la Torre de Madrid, el Palacio Real o la cúpula de San Francisco.
Y rodeado de árboles.
Conviene sentarse y respirar suavemente, varias veces, con los ojos bien abiertos.
Entonces, los pensamientos oscursos desaparecerán y cualquier agravio recibido en la ciudad, quedará borrado.
Al final de un día de lluvia, cuando se respira limpio, como 200 años atrás (Goya presente) hay que dirigir la vista, los pasos, el único objetivo, hacia el mejor mirador de la ciudad.
¿La mejor hora? Cuando cae el sol. ¿El trayecto? Si es por metro, línea 1o parada Lago. No es difícil llegar desde ahí a las terrazas que divisan la ciudad. El sol brillará entonces sobre la superficie del lago artificial, sin molestar, y bañará con respeto todas las fachadas del poniente. Desde el faro de Moncloa, el edificio del Rectorado complutense y las fachadas de Rosales, hasta la Torre de Madrid, el Palacio Real o la cúpula de San Francisco.
Y rodeado de árboles.
Conviene sentarse y respirar suavemente, varias veces, con los ojos bien abiertos.
Entonces, los pensamientos oscursos desaparecerán y cualquier agravio recibido en la ciudad, quedará borrado.
El Campo del Moro
Una perla para quien visite Madrid y para quienes vivimos aquí...
Como buen tesoro, se oculta entre la maleza y el ruido y por eso hay que salir a buscarlo...
Dos son las principales rutas:
- La primera, en metro o cercanías, comienza en la estación de Príncipe Pío, salida Paseo de la Florida. Ya en la superficie, escaleras arriba, se gira a la izquierda donde se ha de superar el semáforo que atraviesa el comienzo de la Cuesta de San Vicente.
Tras superar el tráfico eterno que sube y baja por la cuesta, sólo resta pasear junto a la verja, en pleno Paseo de la Vírgen del Puerto, dirección sur. En medio minuto se encuentra el dintel de una puerta de hierro que es la entrada a los mejores jardines de Madrid. Y los más tranquilos en pleno corazón de la capital
La otra ruta, caminando, tiene varias opciones. Por su tranquilidad recomiendo una, la que comienza junto a la pared de la catedral de la Almudena y que deja atrás la calle de Bailén. En ese descenso se asoman los antiguos cimientos de Magerit, el pequeño núcleo musulmán del que surgió la actual capital. Bajando, tranquilamente, se alcanza el parque de Atenas y con la vista puesta en el norte, hacia el Palacio Real, se encuentra la verja que circunda los jardines del Campo del Moro. Sólo hay que seguirla para encontrar la puerta de entrada.
Como buen tesoro, se oculta entre la maleza y el ruido y por eso hay que salir a buscarlo...
Dos son las principales rutas:
- La primera, en metro o cercanías, comienza en la estación de Príncipe Pío, salida Paseo de la Florida. Ya en la superficie, escaleras arriba, se gira a la izquierda donde se ha de superar el semáforo que atraviesa el comienzo de la Cuesta de San Vicente.
Tras superar el tráfico eterno que sube y baja por la cuesta, sólo resta pasear junto a la verja, en pleno Paseo de la Vírgen del Puerto, dirección sur. En medio minuto se encuentra el dintel de una puerta de hierro que es la entrada a los mejores jardines de Madrid. Y los más tranquilos en pleno corazón de la capital
La otra ruta, caminando, tiene varias opciones. Por su tranquilidad recomiendo una, la que comienza junto a la pared de la catedral de la Almudena y que deja atrás la calle de Bailén. En ese descenso se asoman los antiguos cimientos de Magerit, el pequeño núcleo musulmán del que surgió la actual capital. Bajando, tranquilamente, se alcanza el parque de Atenas y con la vista puesta en el norte, hacia el Palacio Real, se encuentra la verja que circunda los jardines del Campo del Moro. Sólo hay que seguirla para encontrar la puerta de entrada.
La memoria histórica
La memoria histórica vive en la Colonia Manzanares, a pocos metros de la M30 y tiene casi 89 años vistos y vividos.
Este anciano de barba leve y y recortada me ha regalado unos minutos. Mientras le acompañaba con unas bolsas de la compra, me fue contando algo de su vida. Humildes, paseamos. Supe que estuvo dos veces condenado a muerte, que luchó en el Ebro, que conoció a Lister o a Durruti. Dirigió a 4.000 hombres en tiempos dolorosos, utópicos, lejanos y ahora, mal revisitados.
En estos días malvive acompañando y acompañado por gatos y perros que sí saben convivir en estos días que sobrecogen.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)