Me comentaba un vecino que, al final, habrá que darle las gracias a Gallardón por haber enterrado la M-30... Lo evidente ahora es que esa serpiente blanca y roja ha desaparecido bajo tierra y por ahí seguirá, imagino yo.
Las señales que se perciben son más que elocuentes: se oye el piar de los pájaros de la Casa de Campo, no huele a humo y da gusto abrir las ventanas al atardecer. Buenas noticias son.
Incluso un generador que debía dar energía a los túneles o a qué sé yo, pero que estaba encendido 24 horas, desde ayer ya no lo está. Y ahora sí que se percibe el silencio.
Como el Corte Inglés, los árboles de la Casa de Campo ya están en primavera.
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