Y al llegar agosto desaparece el ruido y hay más moscas. Desaparecen coches y hay más espacio por las calles. Y el humo de antes ya no es tan denso pero sí más cálido. Cosas del momento. Desaparecen filas y caras malhumoradas. Desaparecen corbatas, no todas, pero son más livianas sobre los cuellos desabrochados. Desaparecen personas amigas, familias, voces y gritos, gemidos y llantos. Desaparecen los papeles tirados por descuido, los periódicos gratuitos abandonados en las marquesinas del bus. Hasta desaparece la prisa.
Desaparece la ropa y aparece más piel, más gafas negras que hacen desaparecer las miradas y los ojos. Desaparecen los pitidos, algún insulto lejano. Se han desvanecido.
Desaparecen muchos niños y aparecen más mujeres mayores, más abuelos. Aparece la lentitud de los pasos y desaparece el quiebro rápido que me quita ese sitio en el metro.
Y en la Florida, los mismos borrachos, tal vez alguno menos. Mendigando monedas que siguen desaparecidas.
La otra magia de agosto en Madrid.
miércoles, 1 de agosto de 2007
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