miércoles, 1 de agosto de 2007

La sorpresa no avisa...

Hay noches que son presagios. Y no nos damos cuenta hasta que llega el día y sucede algo. Entonces, se recuerda lo vivido horas antes y damos con la senda invisible que nos ha traído hasta este momento. Y el encaje es de seda.

Doce horas después de la noche verborreica del 11 de julio, la de las cuatro entradas, la que precedió a esta de hoy, noche extraña, inquieta...doce horas después me comunicaron que ya no era ese mi trabajo para el día siguiente, ni para el otro, ni para nunca. La noche me avisaba y yo, creía que estaba verborreico...

La sorpresa no avisa pero sus pisadas se pueden escuchar...
Lástima del ruido de Madrid.

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