miércoles, 1 de agosto de 2007

Mosquitos del Manzanares

Sin duda me aprecian. Es sentarme junto a la pantalla encendida del ordenador y al instante son decenas los mosquitos que ponen su trompa junto al cristal de la ventana y quieren venir conmigo. Hubo un día en que sin darme cuenta les dejé pasar y el recuerdo de aquella noche todavía me da conversaciones y momentos hilarantes para quienes conmigo hablan.

Pero ya no. Ahí quietecitos, les digo. La ventana, ni tocarla. Que me vean pasar y volver y tornar a un lado y a otro. Que sigan llegando colegas suyos para comentar lo nuevo de esta noche "poca agua el Manzanares", dirá uno. "Poca, sí", le contestará otro. "A Gallardón le picaba yo..." se oirá más lejos y un zumbido menos.

Y así, contando minutos de una noche nueva, los mosquitos repueblan esta orilla del Manzanares que sin coches es más humana, pero también más mosquita y mosquera. Ellos en su lugar y yo en el mío. No se me ocurrirá a mí meter mis narices en las aguas ya repletas de algas, hogar mosquitero por excelencia. No me verán ellos recibirlos con gusto si por un azar se cuelan entre estas paredes blancas.

Entre hombres y mosquitos, la piedad no existe.

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