miércoles, 1 de agosto de 2007

Regalos para una boda

Sorprende el deslizamiento de un papelito frágil, minúsculo, una tirita que enseña una serie numérica. Una contraseña pensaría un niño o un mensaje secreto para encontrar ALGO. Al abrir la delicada invitación a la boda, como quien no quiere pero sí, quiere, aparece el papelito: es un número de cuenta para regalar dinero. Ese parece ser el mejor regalo en las bodas de ahora.

Yo les regalaría toda la felicidad del mundo. Una tarde calurosa pero lenta en un ghat del Gangés, viendo pasar las barcas y las luces de las ofrendas. Un vuelo en globo, una burbuja enorme donde cupieran los dos durante unos segundos y que al darse un beso, se desvaneciera...Un girasol enorme, una huella de elefante, un mirlo blanco, un fado silbado, una noche de luna llena a la puerta de una capilla medieval cantando bossa novas brasileiras.

Les regalaría una foto que envejeciera con ellos, un termómetro de miedos, un ventilador de malos pensamientos, un zapato común, un gorro de dos cabezas para dormir unidos en las acampadas frescas de la noche primaveral.

O mejor, una caña de pescar sorpresas.

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