La última gota de sudor se desliza por el cristal derecho de tus gafas. Insoportable calor, otro agosto más...piensas. Insistes en buscar un milagro llamado brizna de aire, en crear la corriente imposible. Abres la ventana de la cocina y... esos sonidos.
Llegan de la nada. Ascienden y retumban en la oscuridad del patio.
Qué misterio éste. Los mismos sonidos un año tras otro sin importar el lugar. Surgen en la oscuridad, al buscar corrientes frescas...y se cuelan en tu lectura nocturna, en tus sueños, en tu meditación vital.
Eterno retorno de los sonidos. Maldiciones de espíritus veraniegos condenados a vagar errantes en sus pisos de metrópoli.
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