Nada crece en las riberas reformadas del Manzanares, ¿será porque los coches fueron enterrados bajo ellas?
¿Será que, como el bambú, habrá que esperar años hasta que florezcan los primeros brotes? ¿Será lo sembrado algún especimen de calculado crecimiento, cuatro años tal vez, elecciones mediante?
Cuando se pasea por las orillas desiertas que fueron M30 hace un año, reina un extraño silencio.
lunes, 24 de septiembre de 2007
Tres meses antes de la Navidad
Septiembre acelera su paso y Madrid exhala y vuelve a respirar de nuevo sus propios gases. El verano ha invadido la parcela de su vecino, dejando días luminosos y cálidos. En las terrazas se prolongan las conversaciones del verano raro, de la bajada de las ventas de aparatos de aire acondicionado, de donde te pilló esperar en la Noche en Blanco. Reina lo cotidiano. ¿Volverán pronto los sueños de un puente inmediato? ¿Un Pilar? ¿Una Inmaculada? ¿Todos los Santos? Lo que sembró la Iglesia años atrás, crece ahora en las carreteras. Las procesiones mutan...Me pierdo.
Los Héroes del Silencio cantan en América, 10 años después. Y los Sodastereo, una banda mítica argentina que conmovió todo el continente, anuncian su vuelta a los escenarios. Sería fabuloso que pudieran venir a España ahora que aquí compartimos vidas, gases y muchas más cosas con seres que 15 años atrás, en los viejos 80, soñaban (o no) con un futuro feliz, mientras se desbocaban en gritos de alegría, abrazados, allí, sobre el cesped de Bomboneras, Aztecas, Maracanás. Tantos.
2007
Dentro de unos días Franco Battiatto actúa en Madrid. La estación de los amores quién sabe dónde quedó... o la era del jabalí blanco. Allá, con los nómadas que una vez recorrieron San Petersburgo, Leningrado entonces (lejanos 80), y esa Perspectiva Nevsky que me hizo soñar en italiano con lugares desconocidos. Levantando la bandera blanca.
Morían afganos y soviéticos en los 80 en el lejano Afganistán. 20 años después, un joven ecuatoriano devenido español y un joven extremeño se van pronto de este mundo en el mismo lugar. Sacrificios de vidas, dolor y la pregunta que flota en pocas terrazas.
¿Qué estamos dejando de hacer...?
24 de septiembre de 2027 será el efecto de un pensamiento que comienza ahora.
Los Héroes del Silencio cantan en América, 10 años después. Y los Sodastereo, una banda mítica argentina que conmovió todo el continente, anuncian su vuelta a los escenarios. Sería fabuloso que pudieran venir a España ahora que aquí compartimos vidas, gases y muchas más cosas con seres que 15 años atrás, en los viejos 80, soñaban (o no) con un futuro feliz, mientras se desbocaban en gritos de alegría, abrazados, allí, sobre el cesped de Bomboneras, Aztecas, Maracanás. Tantos.
2007
Dentro de unos días Franco Battiatto actúa en Madrid. La estación de los amores quién sabe dónde quedó... o la era del jabalí blanco. Allá, con los nómadas que una vez recorrieron San Petersburgo, Leningrado entonces (lejanos 80), y esa Perspectiva Nevsky que me hizo soñar en italiano con lugares desconocidos. Levantando la bandera blanca.
Morían afganos y soviéticos en los 80 en el lejano Afganistán. 20 años después, un joven ecuatoriano devenido español y un joven extremeño se van pronto de este mundo en el mismo lugar. Sacrificios de vidas, dolor y la pregunta que flota en pocas terrazas.
¿Qué estamos dejando de hacer...?
24 de septiembre de 2027 será el efecto de un pensamiento que comienza ahora.
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viernes, 21 de septiembre de 2007
Las primeras lluvias del otoño
Han llegado.
Y con ellas, el aroma del otoño. Tan tópicamente hermoso y melancólico, al oeste.
Desde el 21, el cielo ha tenido hoy un día agitado. Familias de nubes y colores han desfilado inaugurando la temporada de la tercera estación.
Lo mejor, como casi siempre, al caer el día: las nubes se asomaban sobre la cúpula de San Francisco el Grande. Nubes de mármol, gruesas, blancas.
La medianoche ha llegado. De la Casa de Campo no llega silencio. La fiesta del PCE es el eco en la oscuridad del Oeste.
Y con ellas, el aroma del otoño. Tan tópicamente hermoso y melancólico, al oeste.
Desde el 21, el cielo ha tenido hoy un día agitado. Familias de nubes y colores han desfilado inaugurando la temporada de la tercera estación.
Lo mejor, como casi siempre, al caer el día: las nubes se asomaban sobre la cúpula de San Francisco el Grande. Nubes de mármol, gruesas, blancas.
La medianoche ha llegado. De la Casa de Campo no llega silencio. La fiesta del PCE es el eco en la oscuridad del Oeste.
miércoles, 12 de septiembre de 2007
Meditación Pez
Entre el millón de tesoros escondidos que alberga Madrid, hay uno vivo que se renueva cada mañana. Otra vez aparece mi querido Manzanares, este río androide que se siente río y quién sabe si le dejan serlo. A mí me lo parece y a los pescadores que toman posiciones cuando la mañana va ganando confianza, también. En su mayoría son gente poco pendiente de Supermodelo 2007 y demás. No les van esas mandangas. Ellos, a lo suyo, se sientan a esperar la visita del pez. Increíble diálogo. A mí, que pescaba con mi tío Elías hace ya tanto en la laguna de Cubel, este momento me parece el de la mayor consciencia que he recuerdo. Hace ya unas semanas que comencé a leer libros sobre el zen y, caramba, mayor consciencia que estar con la mirada puesta en el corcho, sobre la superficie lenta y callada del Manzanares (aquí es así)...que me entran ganas de traer una caña del pueblo y bajarme por las tardes, que también pescan, a ver cómo cambia el color del agua mientras el sol se pone tras los árboles de la Casa de Campo.
Meditación pez.
Meditación pez.
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El horno de San Antonio
Quien quiera darse una vuelta por el paseo de la Florida (oeste de Madrid, junto a la Casa de Campo) no va a tener problemas en encontrar unos cuantos restaurantes. Me contaron hace unos meses que su historia viene de largo, de cuando levantaron la estación del Norte, ahora de Príncipe Pío. Muchos de los que vinieron a ponerla en pie llegaron de Galicia, de Asturias, del País Vasco. Algunos se quedaron y montaron su restaurante. Así se explica pues.
Pero lo que no hay por aquí son cafés que merezcan la pena. Cafés de toda la vida o que sin ser de toda la vida, sí tengan ese sello personal del café en el que merece la pena estar sentado, tomando un cafecillo (descafeinado yo: perdón los puristas pero es que me pone taquicárdico...) y leyendo ensimismado un libro o mirando a través del cristal a los que van por la calle con su ritmo tan madrileño (corre corre que no llegas como siempre...)
Bueno, sí que hay un lugar en el que todavía se encuentra ese ligero encanto del que hablaba. Es el horno de San Antonio, una panadería - repostería que acertó de pleno al agregar una barra con café al servicio del pan. Y con dos mesitas altas y poco más, es el lugar más agradable para tomar un café y ver pasar unos minutos de la vida en el oeste de Madrid.
A mí especialmente (a Martha también, pero menos) nos gusta pasar un ratillo en el horno. Yo, además, suelo pedir la especialidad de la casa: el pastel de San Antonio. Y ya con eso, me quedo contento. Leer no leo, pero al menos, dejo pasar unos minutos mirando por el cristal o asomándome a algún periódico gratuito, por ver lo que nos quieren contar.
Que se nos van los días...
Pero lo que no hay por aquí son cafés que merezcan la pena. Cafés de toda la vida o que sin ser de toda la vida, sí tengan ese sello personal del café en el que merece la pena estar sentado, tomando un cafecillo (descafeinado yo: perdón los puristas pero es que me pone taquicárdico...) y leyendo ensimismado un libro o mirando a través del cristal a los que van por la calle con su ritmo tan madrileño (corre corre que no llegas como siempre...)
Bueno, sí que hay un lugar en el que todavía se encuentra ese ligero encanto del que hablaba. Es el horno de San Antonio, una panadería - repostería que acertó de pleno al agregar una barra con café al servicio del pan. Y con dos mesitas altas y poco más, es el lugar más agradable para tomar un café y ver pasar unos minutos de la vida en el oeste de Madrid.
A mí especialmente (a Martha también, pero menos) nos gusta pasar un ratillo en el horno. Yo, además, suelo pedir la especialidad de la casa: el pastel de San Antonio. Y ya con eso, me quedo contento. Leer no leo, pero al menos, dejo pasar unos minutos mirando por el cristal o asomándome a algún periódico gratuito, por ver lo que nos quieren contar.
Que se nos van los días...
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Tiembla el 21 de la Florida
La casa en la que vivo no ha visto naves arder en Orión, pero sí españoles pegándose tiros durante días, meses y años. La casa en la que vivo tiembla. Es de la decada de los 20 y durante la Guerra Civil tuvo el no escogido privilegio de estar en primera línea del frente, junto al Manzanares, frente a la Casa de Campo. Y claro, no le sentó nada bien. Como a tantas y tantos.
Esto me lo contó una vecina que ha pasado toda su vida aquí. Primero fue hija y ahora es madre y quizá pronto abuela. Y siempre, en el mismo piso. La señora Mari se llama ella. ¡Vaya como habla! Su marido, que no para de fumar, tiene una tos de las que asustan. Cuando empieza a toser retumban por el patio de luces sus bocanadas bruscas, infinitas, interminables. Sus ojos, cansados, enseñan unas bolsas de piel áspera, como de lagarto viejo que no son buena señal, pienso yo. Por las noches, mientras ve la tele a oscuras en el salón, oigo como llama al gato. El gato, como buen gato, no le hace ni caso. Pero no por esto no deja de llamarlo.
Cada vez que pasa un autobús de los que van a Segovia, el piso de la casa tiembla. Incluso yo, alguna vez que por alguna razón no revelable aquí, me he puesto a saltar, de inmediato me he detenido pues notaba perfectamente la oscilación. Es leve, claro. Aquí iba a estar si no.Pero muy notable.
¿Estará viva la casa después de todo?
Esto me lo contó una vecina que ha pasado toda su vida aquí. Primero fue hija y ahora es madre y quizá pronto abuela. Y siempre, en el mismo piso. La señora Mari se llama ella. ¡Vaya como habla! Su marido, que no para de fumar, tiene una tos de las que asustan. Cuando empieza a toser retumban por el patio de luces sus bocanadas bruscas, infinitas, interminables. Sus ojos, cansados, enseñan unas bolsas de piel áspera, como de lagarto viejo que no son buena señal, pienso yo. Por las noches, mientras ve la tele a oscuras en el salón, oigo como llama al gato. El gato, como buen gato, no le hace ni caso. Pero no por esto no deja de llamarlo.
Cada vez que pasa un autobús de los que van a Segovia, el piso de la casa tiembla. Incluso yo, alguna vez que por alguna razón no revelable aquí, me he puesto a saltar, de inmediato me he detenido pues notaba perfectamente la oscilación. Es leve, claro. Aquí iba a estar si no.Pero muy notable.
¿Estará viva la casa después de todo?
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martes, 4 de septiembre de 2007
Hace un año...
...estaba en México DF asombrado por los acontecimientos posteriores a las elecciones de julio. Un año después, por si queréis saber algo de la gestión del que fue nombrado presidente (Calderón, no sólo el del Madrid), os paso un enlace de uno de los mejores cronistas políticos de México. Y no precisamente afín al que fue rival de Calderón, López Obrador.
Ahí va la columna del día 3 de septiembre de Raymundo Riva Palacio:
http://www.eluniversal.com.mx/columnas/67121.html
Ahí va la columna del día 3 de septiembre de Raymundo Riva Palacio:
http://www.eluniversal.com.mx/columnas/67121.html
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