Cercano a Barajas, lejos pues del Paseo de la Florida, se esconde un rincón exquisito, una isla atemporal de la tranquilidad. El Capricho pertenece a la categoría de finca de recreo conquistada para el disfrute colectivo, 200 años después de su nacimiento, años más años menos.
Y sí, su nombre expresa a la perfección la naturaleza de su origen.
Pero ahora, en una tarde de octubre luminosa y breve, es un regalo delicadamente hermoso para encontrar el sonido de los pasos.
domingo, 28 de octubre de 2007
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