Cada día que pasa veo al sol más lejos. Hoy parecía que el viento, que nos visitó por sorpresa, lo había arrastrado a su paso y, en uno de esos empellones, nuestro débil sol se había tropezado un paso más allá del parque de atracciones.
Porque en el filo de octubre, con un pie ya en el vacío, estos vientos nos avisan de que noviembre no engaña. Viene de frente, con el 1 sincero. Concediendo, eso sí, ese día de tregua que nos servirá para tomar un poco de aliento y...¡zas!, apretar los riñones, agachar la cabeza y empujar sin tregua contra las manos invisibles (no del mercado) que nos esperarán silenciosas tras cualquier chaflán para, sin avisar, zarandearnos todo el ser - cuerpo - neurosis, y las ideas y los deseos.
Las estaciones son aventuras de colores. El otoño es marrón y las hojas ya se van agrupando para comenzar su divertido ejercicio de "Despistando al barrendero". Tan curioso es observar como el viento que las dispersa es ahora el viento que las absorbe en esas nuevas tecnologías aplicadas a la limpieza urbana.
¿Quién aspirará las hojas de los bosques?
martes, 30 de octubre de 2007
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