Cada día que pasa veo al sol más lejos. Hoy parecía que el viento, que nos visitó por sorpresa, lo había arrastrado a su paso y, en uno de esos empellones, nuestro débil sol se había tropezado un paso más allá del parque de atracciones.
Porque en el filo de octubre, con un pie ya en el vacío, estos vientos nos avisan de que noviembre no engaña. Viene de frente, con el 1 sincero. Concediendo, eso sí, ese día de tregua que nos servirá para tomar un poco de aliento y...¡zas!, apretar los riñones, agachar la cabeza y empujar sin tregua contra las manos invisibles (no del mercado) que nos esperarán silenciosas tras cualquier chaflán para, sin avisar, zarandearnos todo el ser - cuerpo - neurosis, y las ideas y los deseos.
Las estaciones son aventuras de colores. El otoño es marrón y las hojas ya se van agrupando para comenzar su divertido ejercicio de "Despistando al barrendero". Tan curioso es observar como el viento que las dispersa es ahora el viento que las absorbe en esas nuevas tecnologías aplicadas a la limpieza urbana.
¿Quién aspirará las hojas de los bosques?
martes, 30 de octubre de 2007
domingo, 28 de octubre de 2007
El capricho
Cercano a Barajas, lejos pues del Paseo de la Florida, se esconde un rincón exquisito, una isla atemporal de la tranquilidad. El Capricho pertenece a la categoría de finca de recreo conquistada para el disfrute colectivo, 200 años después de su nacimiento, años más años menos.
Y sí, su nombre expresa a la perfección la naturaleza de su origen.
Pero ahora, en una tarde de octubre luminosa y breve, es un regalo delicadamente hermoso para encontrar el sonido de los pasos.
Y sí, su nombre expresa a la perfección la naturaleza de su origen.
Pero ahora, en una tarde de octubre luminosa y breve, es un regalo delicadamente hermoso para encontrar el sonido de los pasos.
viernes, 26 de octubre de 2007
El cuerpo emerge
Las zonas invisibles de la luz del otoño han cambiado ya en mi habitación. La luz es más humilde, menos intensa, ya no quema. El apartamento por las tardes no despide ese calor agradable que disfrutaba en los últimos días de septiembre y el frío se va colando sin pedir permiso. El cuerpo, por las mañanas, huye. Vive la añoranza de otras luces matutinas.
Y mi cuerpo se resiente. El otoño es un aviso. Comienza a refugiarse la naturaleza y mi cuerpo también se repliega, huidizo a veces, vago en otras. Tímido, receloso a estos ruidos que no cesan con el frío. Acaso dañan de otra forma. Y esos cielos negros que golpean. Hay que moverlo pues. Mover el cuerpo, moverme pues soy cuerpo, soy lo que mi cuerpo es y juntos sentimos estos días. Si mi cuerpo se siente vivo, yo, cuerpo, me siento vivo. Así que esta tarde, en un intento de vencer esas luces que caen, me lance a correr por la ribera del Manzanares. Otra vez vi a los pescadores del atardecer, a los vagabundos del alcohol que se hacen su nido bajo las arbustos de la ribera (duelen sus miradas ), a los perrillos en su paseo vespertino, a las señoras paseadas. El funicular de la Casa de Campo ya se había detenido y yo, no tardé mucho en regresar a casa con el aliento agitado y más zonas de luz allá adentro. Muy adentro.
Y mi cuerpo se resiente. El otoño es un aviso. Comienza a refugiarse la naturaleza y mi cuerpo también se repliega, huidizo a veces, vago en otras. Tímido, receloso a estos ruidos que no cesan con el frío. Acaso dañan de otra forma. Y esos cielos negros que golpean. Hay que moverlo pues. Mover el cuerpo, moverme pues soy cuerpo, soy lo que mi cuerpo es y juntos sentimos estos días. Si mi cuerpo se siente vivo, yo, cuerpo, me siento vivo. Así que esta tarde, en un intento de vencer esas luces que caen, me lance a correr por la ribera del Manzanares. Otra vez vi a los pescadores del atardecer, a los vagabundos del alcohol que se hacen su nido bajo las arbustos de la ribera (duelen sus miradas ), a los perrillos en su paseo vespertino, a las señoras paseadas. El funicular de la Casa de Campo ya se había detenido y yo, no tardé mucho en regresar a casa con el aliento agitado y más zonas de luz allá adentro. Muy adentro.
Días de migraciones
Otro año más, sobre los lomos del otoño, llegan las aves desde el sur y atraviesan Madrid. Desde este observatorio privilegiado que es el balcón sobre el Manzanares, las vi ayer y mientras las veía pasar, admiré su aventura intensa y natural, su ordenado avance, su heroicidad que no es noticia en las tertulias.
Recuerdo la película "Nómadas del viento". Pocas películas tan hermosas como ésta, tan poéticas, tan asombrosa.
Por un momento quise ir con ellas, como en la película, y ponerme a su lado, escuchar su silencioso avance, animar a las rezagadas, dejarles agua y comida en el balcón, por si alguna se quedaba extraviada, cansada de los miles de kilómetros. Sin ningún queroseno en la atmósfera.
Y por fortuna, sin controles ni aduanas, ni pasaportes ni visados.
Recuerdo la película "Nómadas del viento". Pocas películas tan hermosas como ésta, tan poéticas, tan asombrosa.
Por un momento quise ir con ellas, como en la película, y ponerme a su lado, escuchar su silencioso avance, animar a las rezagadas, dejarles agua y comida en el balcón, por si alguna se quedaba extraviada, cansada de los miles de kilómetros. Sin ningún queroseno en la atmósfera.
Y por fortuna, sin controles ni aduanas, ni pasaportes ni visados.
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martes, 2 de octubre de 2007
Tlatelolco, 39 años después.
2 de octubre no se olvida.
No lejos de aquí, en el hermoso parque de Oeste, se encuentra una escultura que conmemora la independencia de México. El representado es el cura Hidalgo, uno de los padres de la independencia mexicana. Y junto a su figura, hace apenas tres semanas, se realizó un acto simbólico (como todos los años) de celebración de la Independencia de México. 15 de septiembre. Lo simbólico: asiste el embajador, personal de la embajada, mexicanos, mexicanas y se canta y ya está. Es un día de fiesta.
Tal vez Zermeño, el embajador premiado con este destino goloso que es España (conviene leer sus recientes méritos), haya conmemorado esta fecha hoy (cómo se apoderan los políticos de los símbolos del pueblo). Quizá no lo haya hecho. Quién sabe dónde estaba él hace 39 años. No en el PRI, al menos...
Hoy, como todos los 2 de octubre desde hace 39 años, se recuerda la matanza de los estudiantes, de los civiles, de los inocentes, en la plaza de las Tres Culturas, en la plaza de Tlatelolco. La matanza que organizó el gobierno del tirano Díaz Ordaz con su secretario de Interior (luego presidente), Luis Echeverría, al frente. Fin a las esperanzas de miles de estudiantes, obreros, madres, maestros...los que siempre pagan en México. Sangre sobre la piedra, zapatos sin dueños, dolor y silencio. Y la bota negra del miedo sobre las cabezas. El terror de la dictadura olímpica, que era inminente, arrasó todo.
Una lectura imprescindible: "La noche de Tlatelolco", de Elena Poniatowska.
Un dolor que hay que oír, que hay que pasar por el corazón cada 2 de octubre.
No lejos de aquí, en el hermoso parque de Oeste, se encuentra una escultura que conmemora la independencia de México. El representado es el cura Hidalgo, uno de los padres de la independencia mexicana. Y junto a su figura, hace apenas tres semanas, se realizó un acto simbólico (como todos los años) de celebración de la Independencia de México. 15 de septiembre. Lo simbólico: asiste el embajador, personal de la embajada, mexicanos, mexicanas y se canta y ya está. Es un día de fiesta.
Tal vez Zermeño, el embajador premiado con este destino goloso que es España (conviene leer sus recientes méritos), haya conmemorado esta fecha hoy (cómo se apoderan los políticos de los símbolos del pueblo). Quizá no lo haya hecho. Quién sabe dónde estaba él hace 39 años. No en el PRI, al menos...
Hoy, como todos los 2 de octubre desde hace 39 años, se recuerda la matanza de los estudiantes, de los civiles, de los inocentes, en la plaza de las Tres Culturas, en la plaza de Tlatelolco. La matanza que organizó el gobierno del tirano Díaz Ordaz con su secretario de Interior (luego presidente), Luis Echeverría, al frente. Fin a las esperanzas de miles de estudiantes, obreros, madres, maestros...los que siempre pagan en México. Sangre sobre la piedra, zapatos sin dueños, dolor y silencio. Y la bota negra del miedo sobre las cabezas. El terror de la dictadura olímpica, que era inminente, arrasó todo.
Una lectura imprescindible: "La noche de Tlatelolco", de Elena Poniatowska.
Un dolor que hay que oír, que hay que pasar por el corazón cada 2 de octubre.
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